NOTAS DESDE EL DOE

  «Si tienes deseos de cambio, no puede seguir haciendo lo mismo.»
Albert Einstein.

Ha transcurrido un mes del aislamiento social, preventivo y obligatorio. Un mes en el que, dándole prioridad a la salud de toda la población, tuvimos que cambiar nuestros hábitos y modos de relacionarnos. De manera vertiginosa los modos de vida personal, familiar y comunitario se vieron alterados provocando una ruptura sustantiva en todo aquello que formaba parte de nuestra rutina. Se produjo un quiebre en nuestras cotidianeidades que, de manera excepcional, nos pone de cara a una realidad desconocida que requiere de todo nuestro compromiso y esfuerzo para poder asimilarla y superarla. La escuela no escapa de esta realidad y, a pesar de que el edificio está cerrado, sigue presente para toda la comunidad.
Lejos de una “cuarentena” tranquila, las docentes debieron transformar su rutina laboral: clases virtuales, modificaciones en las planificaciones anuales y correcciones a granel son algunas de las nuevas tareas que enfrentan a las que se le suman, en muchos casos, la entrega bolsones con alimentos en el cole. El trabajo del aula se tuvo que adaptar a lo virtual, con todo lo que eso implica: se complica el contacto con sus estudiantes y por
ende su seguimiento, se multiplican las tareas y muchas veces el trabajo se acumula.
Agotadas, corrigiendo fotos borroneadas, haciendo malabares para dar respuestas a los requerimientos actuales, intentan combinar la búsqueda de recursos didácticos (como videos, explicaciones o incluso grabaciones de ellas mismas) con el aprendizaje del manejo del aula virtual. Tarea nada sencilla adaptar en tiempo récord el trabajo que se hacía adentro del aula al formato virtual. Se los aseguro. 
Por su parte, los padres y las madres que, además de teletrabajar, tienen que hacer de docentes en casa. A las dificultades cotidianas, se les suma el ar respuestas a los  requerimientos del momento: ayudar a resolver las actividades escolares, administrar las cuentas propias junto a las de sus hijos e hijas, son algunas de las tantas actividades que se suman a la rutina familiar. En el mejor de los casos, se organizan los horarios para el uso
de las computadoras, en otros recurren a los celulares y en muchos abusando de los datos móviles porque, como todos sabemos, hay zonas en las que la conectividad es poca o nula.
Y en el medio de toda esta locura están nuestros niños y niñas, nuestros estudiantes, que hace más de un mes que no salen a la calle, que no pueden ver a sus amigos, primos, familiares, que se “bancan” la incertidumbre y a veces hasta el malhumor de quienes están a cargo de su cuidado. Que también sufren episodios de estrés y angustia que sabemos propios de la situación, pero que aun así, muchas veces, no son entendidos ni contenidos
por sus familias. Todos, o la gran mayoría, han aprendido a lavarse las manos, a cuidarse, saben que lo mejor por el momento es estar al resguardo de sus hogares. Sin embargo he tenido la oportunidad de escuchar, por ejemplo, a mi sobrino decir que se siente “raro” porque extraña el jardín, o a la hija de mi amiga que necesita a su seño porque ella es quien le responde cuando no sabe qué hacer con la tarea. Mi sobrina adolescente me
cuenta que extraña ir a la escuela, que extraña los recreos, que quiere sentarse en el banco del cole… Estoy segura que ustedes también han escuchado cosas semejantes. Ellos, ellas comprenden y esperan. De una u otra manera saben que deben dar tiempo a que todo vuelva a ser como antes.
Y es que el ritmo de lo escolar tiene un papel clave en sus vidas. Por eso afirmamos que la escuela es insustituible, es un espacio subjetivador fundamental que, más allá de estos nuevos modos de presencia que estamos construyendo, requiere el estar allí en cuerpo presente. Por ahora, y no menos importante, sólo podemos hacer que, en la distancia que las circunstancias actuales nos impone, la escuela esté presente. Y ese es el
mayor desafío que enfrentamos por estos días.
Desde mi punto de vista, mantener el vínculo es uno de nuestros mejores logros.
Poder sostener y cuidar el lazo que nos permite actuar como sujetos, sin transformarnos en objetos de presiones y exigencias, hizo que no caigamos en la impotencia. Frente a la  excepcionalidad de la situación actual, se hizo indispensable vincularnos priorizando lo humano sin olvidarnos que, justamente por ser excepcional, este momento es transitorio.
Desde esta lógica, propiciamos que cada niño y niña pueda conectarse con sus compañeros y compañeras, con sus docentes y con el aprendizaje que está experimentando. Conservar esos lazos, más allá de las tareas o los trabajos prácticos de todos los días, forma parte de lo escolar que debemos y queremos conservar.
Sabemos que las familias no son los sustitutos de las docentes, pero también tenemos claro que las docentes no pueden sostener la escolaridad en la casa. Entonces estar conectados no es suficiente. Por eso queremos ir más allá al proponernos día a día alcanzar la asociación necesaria con nuestras familias en pos de un acompañamiento que además contenga, estimule y ayude a resolver las dificultades de nuestros niños y niñas.
El artículo 29 de la Convención de los Derechos del Niño, que en la Argentina tiene jerarquía constitucional, dice que el objetivo de la educación debe ser el desarrollo de las capacidades y aptitudes de los alumnos hasta el máximo nivel posible. Basándonos en esta premisa, es que asumimos el compromiso de pensarnos como educadoras desde un lugar diferente. Porque a pesar de lo difícil de la situación y de la incertidumbre que ésta nos
genera, queremos tomarla como una oportunidad que nos permita romper con nuestros propios esquemas de trabajo, utilizar variación de recursos didácticos que den lugar a la participación de los que están del otro lado de una manera activa y divertida, donde cada espacio, cada rincón, cada situación pueda ser pensada como oportunidad de aprendizaje. 
Nos queda un largo camino por recorrer todavía, pero sabemos que, si no caemos en la lógica mediática que contribuye al pánico, tal vez podamos transformar esta crisis en una gran oportunidad de cambio positivo en donde todos y todas podamos salir fortalecidos.

Lic. Silvina Romera